26 mar 2014

Aquí



Aquí el estado no es de derecho, es de derecha, aquí la democracia es para un puñado de apellidos, la justicia está a la venta, los derechos ciudadanos son subversivos, la constitución es decorativa, aquí hablar de inclusión, diversidad, responsabilidad social o ambiental es visto con sospecha y desprecio. Dialogar, proponer, disentir, argumentar, pensar por fuera de lo establecido por la iglesia, el gobierno o los gremios económicos es punible. Aquí cambiar las armas por las palabras, las estrategias de combate, por las políticas, es un acto de insubordinación que debe ser censurado, atacado, amenazado y de reiterarse, eliminado de tajo. Aquí prima lo individual sobre lo colectivo, lo privado sobre lo público.
No se engañe, no se ilusione, aquí nada cambia para el bien de todos, solo para el de unos pocos. Aquí no tenemos memoria, ni sentido histórico, ni coherencia política o ideológica. Aquí no nos importa usted, somos indolentes e indiferentes si usted es indígena o afro, si usted habla con acento, si tiene el pelo largo, si es rasta o punk, si vive en el sur, en el norte, en el occidente o el oriente, si es homosexual, si es de izquierda, si es artista, si escribe o es músico, antropólogo, sociólogo, historiador, filósofo, educador o politólogo, obrero, mensajero, portero. Desconfiamos si usted no usa saco y corbata o sastre, si su piel no es blanca, si usted no mide metro ochenta, si usted no se casa por la iglesia, ni tiene hijos, si usted no va a la iglesia, o no frecuenta los restaurantes y las tiendas de moda.
Aquí no nos importa si hay niños que no van a la escuela y que trabajan de sol a sol en cualquier esquina, no nos interesa su desnutrición, ni que los exploten o los maltraten o que se mueran de enfermedades tratables en cualquier pasillo de hospital. No se equivoque, aquí los ancianos, las personas en condición de discapacidad, los enfermos mentales, las personas con problemas de drogadicción o alcoholismo o con mala salud en general son discriminados, marginados, vulnerados, maltratados, en resumen, no nos interesan.
Aquí, si usted tiene los medios, puede delinquir sin sonrojo. Le ofrecemos varias alternativas para su impunidad: vencimiento de términos, sobornos a la justicia, casa por cárcel, palmadita en la espalda. Aquí estamos convencidos que los pobres lo son por convicción, que ser homosexual, lesbiana, bisexual, transexual no es una preferencia sexual sino una enfermedad, estamos convencidos que la responsabilidad social o ambiental no es con nosotros, que las universidades públicas son focos de guerrilleros, insurgentes, rebeldes, donde se promueven: el desorden, la anarquía, el socialismo y el comunismo, que por el contrario en las universidades privadas se forman los líderes, los futuros presidentes y ministros, los mejores partidos para sus hijas e hijos, cuando en realidad se educan los más insignes ladrones de cuello blanco.
Aquí somos patriotas cuando juega la selección Colombia, cuando canta Juanes o Shakira, cada 20 de julio o 7 de agosto. Estamos seguros que nuestro himno nacional es el más bello del mundo, que nuestro café es de alta alcurnia, que somos queridísimos y simpatiquísimos, que somos demócratas porque ya no se mueren los contradictores a balazos, sino por decreto. Creemos que somos una buena inversión para el capital extranjero, que somos un país moderno y desarrollado, cuando no hemos superado el feudalismo, el colonialismo, ni la patria boba.
Aquí los ciudadanos venden su voto por una copa de aguardiente y un pollo frito, por un billete manoseado con que comprar el pan y la leche. Somos tan democráticos que hasta votan los muertos, votamos amenazados, manipulados, o no votamos de plano. Amamos a Colombia de dientes para afuera, porque se firman tratados de libre comercio que hacen ricos a unos pocos nombres y dejan a millones arruinados, el petróleo, el cobre, el carbón y la minería incrementan el patrimonio de los de siempre, mientras desahucian los páramos, los lagos y lagunas, y las especies naturales que tanto orgullo nos dan.
Aquí a los que denuncian masacres, desplazamientos, robos, desfalcos, infamias, abusos, actos de corrupción, los tildan de subversivos, paranoicos, exagerados, renegados, enemigos, negativos, mentirosos. Mejor cerrar los ojos y hacernos los locos, que no es con nosotros.
Aquí nos gusta ver lo positivo, nos gusta estar en la punta de la lista de los más felices, ser tendencia, la rumba, el vallenato, la salsa y el merecumbé. Vivimos de carnaval. Nos creemos mejores que los venezolanos, los peruanos, los ecuatorianos y los bolivianos, somos “amigos” de Estados Unidos, nos da miedo Cuba, vivimos convencidos que el comunismo y el socialismo pueden en cualquier momento invadirnos. Somos de camándula y misal, de Dios mío y si Dios quiere, nos encanta que la televisión nos diga que hacer, cómo comportarnos y que todo está bien.
Preferimos la farándula y los deportes, las noticias triviales y chismosas al análisis serio y profundo de una situación. Aquí la mayoría no lee, ni piensa, ni analiza, preferimos ser tendenciosos y prejuiciosos, nos gusta el bullicio, arreglar las cosas a las malas, dirimir nuestras diferencias con injurias o con machete. Que quede claro, nosotros no respetamos las leyes, nuestro credo es el atajo, ser vivo, pisar al bobo. Lo nuestro es mirar la paja en el ojo ajeno, andar de espaldas, lavarnos las manos en la jofaina, mirar por encima del hombro, creernos más de lo que somos, aparentar lo que no tenemos, jugar a ser divinamente, abrazar la ignorancia a la inteligencia, la indolencia al compromiso, el yo sobre el nosotros, pensamos que esto no es con nosotros que la culpa es de otro. Necesitamos supervisión y vigilancia, control, el puño amenazante a la mano que concilia. Hemos hecho de la corrupción nuestra insignia, de los narcotraficantes, héroes, estamos llenos de excusas, de mentiras, cinismos y descaros. Ah, pero tenemos lindos paisajes, aunque no por mucho tiempo al paso que va esta locomotora del “progreso”.     
                                                                                                                     Juan Ladrón de Guevara Parra