21 feb 2013

Goodbye Comandante



Su nombre infunde escalofríos, rencores, suspicacias, venas dilatadas, odios ciegos que retan la razón, la lógica e incluso las buenas maneras. Antes de 1992 no existía más allá de lo esencial, pero luego de ese año su imagen comenzó a surgir como germina la hierba entre el asfalto, una hierba ruda, un tanto vulgar pero inquebrantable. Para 1999 su nombre ya era ceiba y sus raíces habían resquebrajado a la vieja clase dirigente de Venezuela que por años había hecho fortuna gracias a los ricos yacimientos de petróleo que tiene esta nación.


Hugo Chávez Frías presidente se hizo entonces enemigo feroz de los petroleros, de los banqueros,  de los grandes empresarios y de todo el "estatus quo" venezolano y al mismo tiempo se convirtió en el benefactor, el héroe, el idolatrado de la clase baja y media, que lo veían y ven como un mesías, como un redentor, como un vengador. De antiguo hombre de armas, defensor de la rancia clase dirigente, pasó a ser un revolucionario de corte socialista que no dudo en tramitar una nueva constitución, que de paso incluía cambiarle el nombre a Venezuela, para bautizarla con el rimbombante rótulo de República Bolivariana de Venezuela. Posteriormente encausó sus esfuerzos para asegurarse el control de la empresa venezolana de petróleos PDVSA, proveedora de la riqueza del país, hecho que terminó de enfurecer a la élite venezolana. La estrategia produjo revueltas, protestas y gran inestabilidad política, económica y social, al mismo tiempo que envió la relación con Estados Unidos al barranco diplomático. El creciente fervor por parte de diferentes sectores produjo un desabrido intento de golpe de estado en 2004, que lo removió temporalmente del palacio presidencial, pero que no disminuyó el conflicto político y social. De tal manera que el temido presidente socialista volvió a Miraflores con su poder renovado y un aire de imbatible que lo consolidó como el enemigo número 1 del receloso "estatus quo", no ya solo de Venezuela, sino del continente al sur de Estados Unidos, país que veía con incomodidad a la nueva república.


Con Chávez en la silla presidencial, no solo el pueblo venezolano se sentía revindicado, también lo hacían los países menos favorecidos del continente, en especial la embargada Cuba, la endeudada Argentina, así como Bolivia y Ecuador que no tardaron en sumarse a la nueva ola de gobiernos de izquierda que finalmente asumía la difícil tarea de orientar a los países del sur de América. A ellos no tardó en sumarse Perú, Uruguay, Paraguay, Brasil, así como Nicaragua. En escasos años un continente tradicionalmente pro Estados Unidos, plagado de gobiernos conservadores cuando no de dictaduras militares, entraba en el siglo XXI gobernado por presidentes de izquierda que se enfocaban más en lo social y menos en rendirse de rodillas a las disposiciones de Washington. Venezuela, sin embargo, fue la única que directamente se enfrentó a Estados Unidos, otras naciones, acaso las más cercanas debido a la deuda de gratitud adquirida, la secundaron aunque con menos énfasis. A pesar de los discursos inflamados y arrogantes, a pesar de las palabras altaneras hacia el gobierno de Bush al que Chávez en Naciones Unidas se atrevió a comparar con el Diablo, Venezuela siguió vendiéndole petróleo al gran enemigo. Es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.


Para Colombia, Venezuela se hizo un vecino ruidoso, de esos que colocan música a todo volumen desde las 8 de la mañana un domingo, de los maleducados y bocones. Nuestro gobernante de turno, pronto asumió con su homólogo la misma actitud que asume el vecino envidioso con el dicharachero que sin embargo tiene más plata… él podrá tener más plata, pero yo tengo más clase. El presidente colombiano de ese entonces, no podría estar más equivocado, ninguno de los dos tenía clase. La diferencia radicaba en que al de Venezuela eso le tenía sin cuidado y al de Colombia. En el fondo la animadversión del presidente de Colombia por el de Venezuela estaba sustentada en la envidia, porque si bien ambos eran altamente populares, la riqueza de Colombia en petróleo palidece con la de Venezuela, de tal manera que era evidente que el bullicioso Chávez tenía mayor influencia en la región que el escuálido, chiquito y bravucón que presidía este lado de la frontera.


Con un vecindario adverso a la política colombiana, que por esos años estaba más inclinada  de lo usual a la derecha recalcitrante, Colombia se encontró sin aliados cercanos, convertida además en bastión de Estados Unidos en América del Sur, rol poco estimado. Con Venezuela abanderando el sueño de Bolívar, Colombia, posiblemente siguiendo las disposiciones del “amigo” del norte, emprendió la antipática tarea de desprestigiar a su vecino internacionalmente señalándolo de albergar a la guerrilla en su territorio. Esta afirmación temeraria y no carente de veracidad  tiñó, no solo la relación con Venezuela, sino también con Ecuador, país al cual Colombia agredió en su soberanía al perpetrar un bombardeo ilegal en su territorio que dio como resultado la muerte de uno de los líderes de las FARC. La acción tuvo varias implicaciones diplomáticas, comerciales, políticas y sociales debido a que el aislamiento con respecto a los otros países de la región se hizo ahora oficial. Colombia entonces cesó sus relaciones diplomáticas con dos de sus socios naturales. Pero no solo eso, Chávez, como es llamado de manera despreciativa por gran número de colombianos el presidente de Venezuela, se convirtió en el enemigo público favorito del país. Los medios de comunicación afines a la línea gubernamental usaron la imagen de Hugo Chávez para desviar la atención del país hacia un supuesto enemigo común, con el fin de distraer a la nación del debacle político e institucional que era el gobierno de aquel entonces. Los casos más descarados de corrupción, de impunidad, de violaciones a los derechos humanos, de persecución política, no interesaban tanto a la opinión colombiana como el último discurso del presidente venezolano cuya imagen figuraba diariamente en todos los medios escritos, televisivos y radiales del país. Colombia era y es, absurdamente anti Chávez, lo cual la ha convertido en refugio de todos los contradictores, perseguidos y confabuladores del vecino. 


La figura de Hugo Chávez, su corpulencia, su camisa roja, sus discursos airados contra la oligarquía, el capitalismo, Estados Unidos, contra la lógica diplomática, la adoración que despierta en sus seguidores, el rencor que nubla los buenos modales de sus opositores, sus acciones a favor de los olvidados, su desparpajo para insultar a los dominadores lo han hecho un hito en la historia de este continente desquiciado. Claro que ha cometido arbitrariedades e injusticias, por supuesto que ha perseguido a sus enemigos y ha coartado la libre expresión, no hay duda en que se ha beneficiado y ha beneficiado a sus amigos, de eso se trata el poder a la latinoamericana.

Mientras en Rusia y China les gusta el rigor opresivo, aquí preferimos, ejercer el poder con desfachatez, improvisación y picardía. Condición bien democrática pues no conoce distinciones de derecha, izquierda o centro. Pero sin duda, el estilo de gobierno de Chávez merece un capítulo aparte, pues la indignación y admiración que ha suscitado en su país y en Colombia, no creo que tenga equivalente en toda nuestra historia.


Prueba de esto es la reciente y fallida candidatura de Henrique Capriles, adalid de la oposición venezolana. Como toda campaña que se respete hubo insultos, recelos, manipulación mediática, ataques ácidos, insinuaciones, golpes bajos y a la mandíbula. Si en Colombia tuviéramos la opción de votar en las elecciones de Venezuela, el presidente habría sudado para ganar, pero ese no fue el caso.

A la mayoría de los venezolanos no les importó al momento de votar que su presidente estuviera claramente incapacitado para ejercer su gobierno, al extremo de no haberse podido posesionar en la fecha indicada por la constitución que él mismo hiciera reformar. Como tampoco les pareció preocupante que llevara más de un año en estado delicado por cuenta de un cáncer misterioso que se ha hecho tratar en Cuba sin mayores resultados, todo bajo un estricto manto de silencio que a todas luces es insultante tanto con los venezolanos como con las instituciones que mal defienden la democrácia en ese país.

Como es evidente, la ausencia del hombre fuerte de Venezuela ha causado toda suerte de chismes, inestabilidad, lloriqueos, rezos, que en un país abiertamente socialista es por lo menos curioso. Pero es que así somos de incoherentes, no hay ideología que reemplace a la camándula. El mismo Chávez, cabeza visible del socialismo bolivariano trina ruegos por su salud y solicita de sus seguidores misas. En sus consignas caben a un mismo tiempo las arengas clásicas de la izquierda más radical, como menciones al espíritu santo. Esa es la amalgama, la diversidad de América Latina amables lectores. En medio de este desajuste un prestigioso diario español tuvo la mala fortuna de publicar en primera página la foto del líder entubado y en tránsito de muerte. Hubo por supuesto indignación, protestas diplomáticas, tufo a conspiración, debido a que el insigne Chávez ha expulsado a varios intereses españoles de su amado terruño. Así mismo, la foto en cuestión debió despertar en los exiliados venezolanos en Colombia la ilusión y en muchos colombianos la alegría poco cristiana de alegrarse del mal ajeno. Pero todo resultó falso y la incertidumbre se mantuvo intacta luego de sendas declaraciones de ministros venezolanos y de la retractación del periódico en cuestión. Poco después apareció otra foto del supuesto cadáver de Chávez uniformado de oliva. Era tan burdo el montaje que no pasó de ser un pésimo chiste. 


La lenta agonía del comandante, la lucha irrevocable por aparentar buen semblante, el secreto, los rumores, los análisis de médicos desde Miami, la opinión de políticos y periodistas tienen a la América del Sur en vilo. Entonces, cuando ya creen sus aliados, sus detractores, sus seguidores y opositores que el incansable Chávez va a claudicar, a entregar las armas, a colgar sus botas y boina, revive en Twitter y no solo eso, regresa a Venezuela. Multitudes lo aclaman, rezan por su salud, se persignan, entran en estados místicos que parecen más bien histéricos. Evo Morales solicita audiencia en el hospital presidencial, pero no logra verlo, el comandante está más allá que acá. Fidel, el inmortal, el venerado y mítico pater revolucionario de esta América díscola le escribe una carta de despedida, en la que los analistas más perspicaces creen descubrir un mensaje cifrado que augura el último suspiro del comandante Chávez. Otros no temen al error cuando aseguran que ha vuelto solo para morir en Caracas, porque ya las cartas están jugadas, porque ya su heredero ha sido señalado por el dedo bolivariano, con lo que el legado está asegurado. A esta revolución nada la detiene, susurran con cierta incredulidad los seguidores más comprometidos, es una confabulación maliciosa de la oligarquía señalan otros, volvió para acallar los rumores malintencionados vociferan los más fanáticos, esto es un complot del capitalismo yanqui, se quejan no pocos


Lo cierto es que el presidente Chávez, el militar insubordinado que pagó 2 años de cárcel por rebelarse en 1992, el amigo de Sean Penn, el colega de Evo y Rafael, el enemigo de Uribe y el nuevo mejor amigo de Juan Manuel, el que cambio a Venezuela para bien de unos y mal de otros, el que más cerca ha estado de hacer realidad la utopía de Bolívar, está cerca de morir de una enfermedad de espanto, que como él, ha probado ser imbatible. Su muerte inminente le planteará a Venezuela y a la región una serie de interrogantes que determinarán su historia, en la cual, este gobernante inusual y polémico ya tiene su nombre inscrito.      


20 feb 2013

El heredero de Pedro



El santo padre, el heredero de Pedro, el vicario del Cristo renuncia. Un hecho sin precedentes recientes pues el último pontífice en renunciar lo hizo en 1415 y posiblemente solo se enteró el que fue elegido camarlengo y mucho tiempo después el mundo. La renuncia de 2013 colmó las portadas de los diarios y las revistas de todo el planeta, así como las redes sociales y los canales de televisión en segundos.

Se han hecho análisis, chistes, debates. ¿Qué hay detrás de su renuncia? ¿Quién será su sucesor? Los teóricos de las conspiraciones sonríen con sorna. La prensa especula, los expertos predicen, los purpurados son un lugar común que habla, puede ser cualquiera de los 118 cardenales, dice enfático, casi malgeniado, el obispo ante la insistencia del periodista.

Los cardenales señalados como posibles papables bajan la cabeza y esbozan su mejor humildad, será lo que Dios quiera… sentencian  con una vocesita apenas perceptible. Pero todos quieren ser papa, como todo político quiere ser presidente, como todo científico premio Nobel, como todo vendedor quiere ser gerente, de eso se trata, lo demás es demagogia.

El vaticano, como toda institución, es un hervidero de lo peor de la conducta humana. Porque los venerables y canosos arzobispos y obispos son también humanos y esa condición tan poco santa hace de ellos seres envidiosos, codiciosos, intrigantes, lujuriosos, son después de todo manipuladores profesionales y es tal vez de eso, más que de los males normales que conllevan la edad, de lo que se hartó Benedicto XVI.  

Porque si bien la iglesia como institución ha sido desde siempre un nido de corrupción, intrigas y demás excesos propios del ejercicio del poder, es evidente que la iglesia de estos tiempos apocalípticos es más vulnerable  a que sus prácticas non santas queden expuestas que la iglesia de otros tiempos. Esto debido al exceso de información, ya que cada individuo, desde el periodista ávido hasta el ciudadano sin nombre está listo para reportar, emitir una opinión, hacer un chiste, contar una infidencia. En este planeta todo se sabe en cuestión de milésimas de segundo, somos un vecindario achatado en los polos.

En este siglo de las comunicaciones a ritmo de fórmula uno, los desmanes de los hombres que visten el hábito han tenido la exposición de la cual carecían en otras épocas. Las picardías que han puesto la respetabilidad de la iglesia en duda en este siglo, esas mismas que han mermado su rebaño, no son nuevas, han estado presentes desde sus tiempos más remotos, solo que antes el poder de la iglesia lograba opacar los murmullos  y las suspicacias por medio de su brazo más infame, la inquisición.

Aunque se mantiene a la sombra, escondida detrás de un nombre menos ominoso, sigue siendo anhelada por uno que otro radical que murmulla sus fanatismos en latín, pero ya no tiene el mismo impacto de esas épocas, el cual, sin duda, extraña. La iglesia de entonces, a pesar de sus divisiones, turbulencias, vicios y demás tenía una voz de trueno que coronaba y aconsejaba a reyes y emperadores, era la voz detrás de las declaraciones de guerra, la que impulsaba abdicaciones y ganaba territorios, almas  y tesoros en nombre de Dios. Que época aquella… suspiran los más recalcitrantes. Pero de eso nada en estos tiempos de Facebook y Twitter donde nada se oculta, donde no hay inmunidades que valgan. La iglesia turbia y oscura ya no es un secreto que se mantenga a raya a base de potro.

 Así como el Papa en Twitter obtiene records de seguidores, así también se filtran sus secretos más penosos por culpa de un secretario indiscreto. Se sonroja el vicario de Cristo con las acusaciones, las pruebas y sobretodo las indemnizaciones que ha tenido que pagar San Pedro a los miles de adultos traumatizados  por sus representantes.  Ya no son los tiempos en los que las finanzas del Vaticano eran intocables y secretas, ahora no hay bóvedas discretas como en esos años.
      
Es que en tiempos de la Edad Media era mucho más fácil controlar el rebaño, porque aquello del infierno estaba a la vuelta de la esquina, cualquiera podía olfatear su podredumbre, sin darse cuenta que era la propia, y eso bastaba para mantener el engaño sin mayores inconvenientes.  Pero esta iglesia ya no asusta, todo lo contrario, ahora causa gracia lo que antes horror, aunque algunas posturas siguen dando miedo.

Gracia divina causa cuando el Papa en toda su solemnidad y sabiduría afirma categórico que en el pesebre de Belén no había ni buey, ni asno y que los reyes magos, no venían de oriente, sino de otra parte, noticia que por supuesto fue difundida por todos los medios de comunicación más como una anécdota de un abuelo bonachón con pasado nazi que como una noticia seria. Sin embargo, son tenebrosas por ejemplo sus posturas frente a la homosexualidad, el aborto o la eutanasia, que bien pueden ser usadas como mechas para encender infiernos en las cabezas obnubiladas de fanatismo.

De tal manera que el sumo pontífice de estos tiempos no parece afín a esta época, porque lo suyo y lo de los suyos es la Edad Media. Eran buenos aquellos tiempos en los que el relámpago que cayó sobre la basílica el mismo día de la renuncia habría sido una prueba evidente de la incomodidad de Dios frente a la actitud rebelde de su elegido, ahora no es otra cosa que una foto bonita e intrascendente. Lo mismo ocurre con el meteorito errante que causó destrozos en los Urales, en esa época habría sido interpretado como una premonición del fin y tal vez, ahora que lo pienso también lo sea hoy.       

 Juan Felipe Ladrón de Guevara