19 mar 2012


El silencio

El coronel Emiliano Pinzón no creía en aparecidos cuando asesinó a Porfirio Peñate por orinarse en la esquina de su casa. Al muerto lo recogieron sus soldados y nadie dijo nada. Ni lo miraron mal, ni se lo comentaron, nadie mencionó su nombre en el sepelio, ni mucho menos en el entierro. Ni la viuda, ni los hijos del muerto lo acusaron, ni se lo reprocharon. Jamás lo llamó el general Vega, ni el juez Pereda  y mucho menos el cura Tiberio. Los vecinos y los campesinos siguieron quitándose el sombrero y bajando la cabeza cuando se lo cruzaban por las calles del pueblo.

Pero algo estaba mal, el coronel no se sentía tranquilo. ¿Qué se escondía detrás de ese silencio? ¿Por qué se hacen los de la vista gorda? En cada gesto, en cada mirada, en cada actitud creía detectar un reproche, una queja, una exigencia. Te hemos salvado, ¿qué vas a hacer por nosotros? La pregunta se repetía en su mente a cada encuentro, por casual o irrelevante que fuera. En todos aquellos que lo rodeaban, desde el encopetado general Vega hasta la humilde mucama que le servía el café, percibía un reproche cómplice y la pregunta escondida entre sus palabras.

 Con el paso de los días, las semanas, los meses, los años y los rangos, en su mente se fue formando una complicada conspiración, plagada de silencios, miradas, muecas y actitudes que se manifestaban por doquier. ¿Por qué nadie decía nada?, ¿acaso no había sucedido? ¿Qué clase de personas lo rodeaban? Esta pregunta lo hizo despreciarlos, ¿Cómo podían ser cómplices de algo así? El ya octogenario padre Tiberio guardó silencio. No hubo Aves Marías, ni Yo Pecadores, no hubo absoluciones, ni misericordia, solo una mirada cargada de incógnita. ¡Contrólese! Que usted representa la patria. Le gritó exaltado el ex general Vega.  La viuda de Peñate ya había muerto y sus hijos desaparecido. Los soldados que arrastraron su cuerpo no recordaban a ese de los muchos que recogieron ¿Había existido Porfirio Peñate? ¿Por qué no aparecía?

¿Quién es el coronel Emiliano Pinzón? Nadie sabe, lleva años haciéndose llamar así. Siga por aquí doctor Quiñones.  

                                                                                                                      Juan Ladrón de Guevara

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