20 feb 2013

El heredero de Pedro



El santo padre, el heredero de Pedro, el vicario del Cristo renuncia. Un hecho sin precedentes recientes pues el último pontífice en renunciar lo hizo en 1415 y posiblemente solo se enteró el que fue elegido camarlengo y mucho tiempo después el mundo. La renuncia de 2013 colmó las portadas de los diarios y las revistas de todo el planeta, así como las redes sociales y los canales de televisión en segundos.

Se han hecho análisis, chistes, debates. ¿Qué hay detrás de su renuncia? ¿Quién será su sucesor? Los teóricos de las conspiraciones sonríen con sorna. La prensa especula, los expertos predicen, los purpurados son un lugar común que habla, puede ser cualquiera de los 118 cardenales, dice enfático, casi malgeniado, el obispo ante la insistencia del periodista.

Los cardenales señalados como posibles papables bajan la cabeza y esbozan su mejor humildad, será lo que Dios quiera… sentencian  con una vocesita apenas perceptible. Pero todos quieren ser papa, como todo político quiere ser presidente, como todo científico premio Nobel, como todo vendedor quiere ser gerente, de eso se trata, lo demás es demagogia.

El vaticano, como toda institución, es un hervidero de lo peor de la conducta humana. Porque los venerables y canosos arzobispos y obispos son también humanos y esa condición tan poco santa hace de ellos seres envidiosos, codiciosos, intrigantes, lujuriosos, son después de todo manipuladores profesionales y es tal vez de eso, más que de los males normales que conllevan la edad, de lo que se hartó Benedicto XVI.  

Porque si bien la iglesia como institución ha sido desde siempre un nido de corrupción, intrigas y demás excesos propios del ejercicio del poder, es evidente que la iglesia de estos tiempos apocalípticos es más vulnerable  a que sus prácticas non santas queden expuestas que la iglesia de otros tiempos. Esto debido al exceso de información, ya que cada individuo, desde el periodista ávido hasta el ciudadano sin nombre está listo para reportar, emitir una opinión, hacer un chiste, contar una infidencia. En este planeta todo se sabe en cuestión de milésimas de segundo, somos un vecindario achatado en los polos.

En este siglo de las comunicaciones a ritmo de fórmula uno, los desmanes de los hombres que visten el hábito han tenido la exposición de la cual carecían en otras épocas. Las picardías que han puesto la respetabilidad de la iglesia en duda en este siglo, esas mismas que han mermado su rebaño, no son nuevas, han estado presentes desde sus tiempos más remotos, solo que antes el poder de la iglesia lograba opacar los murmullos  y las suspicacias por medio de su brazo más infame, la inquisición.

Aunque se mantiene a la sombra, escondida detrás de un nombre menos ominoso, sigue siendo anhelada por uno que otro radical que murmulla sus fanatismos en latín, pero ya no tiene el mismo impacto de esas épocas, el cual, sin duda, extraña. La iglesia de entonces, a pesar de sus divisiones, turbulencias, vicios y demás tenía una voz de trueno que coronaba y aconsejaba a reyes y emperadores, era la voz detrás de las declaraciones de guerra, la que impulsaba abdicaciones y ganaba territorios, almas  y tesoros en nombre de Dios. Que época aquella… suspiran los más recalcitrantes. Pero de eso nada en estos tiempos de Facebook y Twitter donde nada se oculta, donde no hay inmunidades que valgan. La iglesia turbia y oscura ya no es un secreto que se mantenga a raya a base de potro.

 Así como el Papa en Twitter obtiene records de seguidores, así también se filtran sus secretos más penosos por culpa de un secretario indiscreto. Se sonroja el vicario de Cristo con las acusaciones, las pruebas y sobretodo las indemnizaciones que ha tenido que pagar San Pedro a los miles de adultos traumatizados  por sus representantes.  Ya no son los tiempos en los que las finanzas del Vaticano eran intocables y secretas, ahora no hay bóvedas discretas como en esos años.
      
Es que en tiempos de la Edad Media era mucho más fácil controlar el rebaño, porque aquello del infierno estaba a la vuelta de la esquina, cualquiera podía olfatear su podredumbre, sin darse cuenta que era la propia, y eso bastaba para mantener el engaño sin mayores inconvenientes.  Pero esta iglesia ya no asusta, todo lo contrario, ahora causa gracia lo que antes horror, aunque algunas posturas siguen dando miedo.

Gracia divina causa cuando el Papa en toda su solemnidad y sabiduría afirma categórico que en el pesebre de Belén no había ni buey, ni asno y que los reyes magos, no venían de oriente, sino de otra parte, noticia que por supuesto fue difundida por todos los medios de comunicación más como una anécdota de un abuelo bonachón con pasado nazi que como una noticia seria. Sin embargo, son tenebrosas por ejemplo sus posturas frente a la homosexualidad, el aborto o la eutanasia, que bien pueden ser usadas como mechas para encender infiernos en las cabezas obnubiladas de fanatismo.

De tal manera que el sumo pontífice de estos tiempos no parece afín a esta época, porque lo suyo y lo de los suyos es la Edad Media. Eran buenos aquellos tiempos en los que el relámpago que cayó sobre la basílica el mismo día de la renuncia habría sido una prueba evidente de la incomodidad de Dios frente a la actitud rebelde de su elegido, ahora no es otra cosa que una foto bonita e intrascendente. Lo mismo ocurre con el meteorito errante que causó destrozos en los Urales, en esa época habría sido interpretado como una premonición del fin y tal vez, ahora que lo pienso también lo sea hoy.       

 Juan Felipe Ladrón de Guevara 
      

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