El santo padre, el heredero de Pedro, el
vicario del Cristo renuncia. Un hecho sin precedentes recientes pues el último pontífice
en renunciar lo hizo en 1415 y posiblemente solo se enteró el que fue elegido
camarlengo y mucho tiempo después el mundo. La renuncia de 2013 colmó las
portadas de los diarios y las revistas de todo el planeta, así como las redes
sociales y los canales de televisión en segundos.
Se han hecho análisis, chistes, debates.
¿Qué hay detrás de su renuncia? ¿Quién será su sucesor? Los teóricos de las
conspiraciones sonríen con sorna. La prensa especula, los expertos predicen,
los purpurados son un lugar común que habla, puede ser cualquiera de los 118
cardenales, dice enfático, casi malgeniado, el obispo ante la insistencia del
periodista.
Los cardenales señalados como posibles
papables bajan la cabeza y esbozan su mejor humildad, será lo que Dios quiera…
sentencian con una vocesita apenas
perceptible. Pero todos quieren ser papa, como todo político quiere ser
presidente, como todo científico premio Nobel, como todo vendedor quiere ser
gerente, de eso se trata, lo demás es demagogia.
El vaticano, como toda institución, es un
hervidero de lo peor de la conducta humana. Porque los venerables y canosos arzobispos
y obispos son también humanos y esa condición tan poco santa hace de ellos
seres envidiosos, codiciosos, intrigantes, lujuriosos, son después de todo
manipuladores profesionales y es tal vez de eso, más que de los males normales
que conllevan la edad, de lo que se hartó Benedicto XVI.
Porque si bien la iglesia como
institución ha sido desde siempre un nido de corrupción, intrigas y demás
excesos propios del ejercicio del poder, es evidente que la iglesia de estos
tiempos apocalípticos es más vulnerable
a que sus prácticas non santas queden expuestas que la iglesia de otros tiempos.
Esto debido al exceso de información, ya que cada individuo, desde el
periodista ávido hasta el ciudadano sin nombre está listo para reportar, emitir
una opinión, hacer un chiste, contar una infidencia. En este planeta todo se
sabe en cuestión de milésimas de segundo, somos un vecindario achatado en los
polos.
En este siglo de las comunicaciones a
ritmo de fórmula uno, los desmanes de los hombres que visten el hábito han
tenido la exposición de la cual carecían en otras épocas. Las picardías que han
puesto la respetabilidad de la iglesia en duda en este siglo, esas mismas que
han mermado su rebaño, no son nuevas, han estado presentes desde sus tiempos
más remotos, solo que antes el poder de la iglesia lograba opacar los
murmullos y las suspicacias por medio de
su brazo más infame, la inquisición.
Aunque se mantiene a la sombra, escondida
detrás de un nombre menos ominoso, sigue siendo anhelada por uno que otro
radical que murmulla sus fanatismos en latín, pero ya no tiene el mismo impacto
de esas épocas, el cual, sin duda, extraña. La iglesia de entonces, a pesar de
sus divisiones, turbulencias, vicios y demás tenía una voz de trueno que
coronaba y aconsejaba a reyes y emperadores, era la voz detrás de las
declaraciones de guerra, la que impulsaba abdicaciones y ganaba territorios,
almas y tesoros en nombre de Dios. Que
época aquella… suspiran los más recalcitrantes. Pero de eso nada en estos
tiempos de Facebook y Twitter donde nada se oculta, donde no hay inmunidades
que valgan. La iglesia turbia y oscura ya no es un secreto que se mantenga a
raya a base de potro.
Así
como el Papa en Twitter obtiene records de seguidores, así también se filtran
sus secretos más penosos por culpa de un secretario indiscreto. Se sonroja el
vicario de Cristo con las acusaciones, las pruebas y sobretodo las
indemnizaciones que ha tenido que pagar San Pedro a los miles de adultos
traumatizados por sus representantes. Ya no son los tiempos en los que las finanzas
del Vaticano eran intocables y secretas, ahora no hay bóvedas discretas como en
esos años.
Es que en tiempos de la Edad Media era
mucho más fácil controlar el rebaño, porque aquello del infierno estaba a la
vuelta de la esquina, cualquiera podía olfatear su podredumbre, sin darse
cuenta que era la propia, y eso bastaba para mantener el engaño sin mayores
inconvenientes. Pero esta iglesia ya no
asusta, todo lo contrario, ahora causa gracia lo que antes horror, aunque
algunas posturas siguen dando miedo.
Gracia divina causa cuando el Papa en
toda su solemnidad y sabiduría afirma categórico que en el pesebre de Belén no
había ni buey, ni asno y que los reyes magos, no venían de oriente, sino de
otra parte, noticia que por supuesto fue difundida por todos los medios de
comunicación más como una anécdota de un abuelo bonachón con pasado nazi que
como una noticia seria. Sin embargo, son tenebrosas por ejemplo sus posturas
frente a la homosexualidad, el aborto o la eutanasia, que bien pueden ser
usadas como mechas para encender infiernos en las cabezas obnubiladas de
fanatismo.
De tal manera que el sumo pontífice de
estos tiempos no parece afín a esta época, porque lo suyo y lo de los suyos es
la Edad Media. Eran buenos aquellos tiempos en los que el relámpago que cayó
sobre la basílica el mismo día de la renuncia habría sido una prueba evidente
de la incomodidad de Dios frente a la actitud rebelde de su elegido, ahora no
es otra cosa que una foto bonita e intrascendente. Lo mismo ocurre con el
meteorito errante que causó destrozos en los Urales, en esa época habría sido
interpretado como una premonición del fin y tal vez, ahora que lo pienso también
lo sea hoy.
Juan Felipe Ladrón de Guevara
No hay comentarios.:
Publicar un comentario