23 abr 2012

Lengua

Con esta lengua que uso cada día me despierto, hago el café, tiendo la cama, me lavo las orejas, me quito las lagañas.
Lengua diaria, que susurra, que canta, que hace alharacas y bostezos, silbidos y abucheos. Lengua afilada, atinada como un arquero, con pegada de boxeo, pero también que sabe de caricias terciopelo, de secretos, susurros, gritos, protestas.
Lengua semilla, enredadera, que se multiplica y divide, incansable y mutante, grosera y vulgar, desaliñada, desparpajada, inventada, rudimentaria e indecorosa, impúdica, soez.
Lengua ancestral, que nombra al laberinto que encierra la rosa y que a los destellos de la noche los hace estrellas, lengua hacedora de cosmogonías, plegarias, mantras, poemas.
Lengua satírica, paródica, crítica, herética y frenética, ¿a cuántos has condenado a la hoguera, los barrotes, la galera?
Eres, lengua, una amante fiera, posesiva, compulsiva, tus palabras pueden ser clavos o alas, jardines o desiertos, cotidianas o sublimes, inmensas o pequeñas, rutinarias o crípticas, empolvadas en archivos o recién nacidas en cualquier barriada.
Con esta lengua trajinada, que no entiende de relojes o calendarios, de fiestas y aniversarios, lengua que se reinventa con cada vocablo, es con quien vivo, con ella respiro, peleo, discuto, escruto, disfruto, pero sobre todo, existo.                                                                                                        
Juan Ladrón de Guevara

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