iplica y
divide, incansable y mutante, grosera y vulgar, desaliñada, desparpajada,
inventada, rudimentaria e indecorosa, impúdica, soez.
Lengua
ancestral, que nombra al laberinto que encierra la rosa y que a los destellos
de la noche los hace estrellas, lengua hacedora de cosmogonías, plegarias,
mantras, poemas.
Lengua
satírica, paródica, crítica, herética y frenética, ¿a cuántos has condenado a
la hoguera, los barrotes, la galera?
Eres,
lengua, una amante fiera, posesiva, compulsiva, tus palabras pueden ser clavos
o alas, jardines o desiertos, cotidianas o sublimes, inmensas o pequeñas,
rutinarias o crípticas, empolvadas en archivos o recién nacidas en cualquier
barriada.
Con
esta lengua trajinada, que no entiende de relojes o calendarios, de fiestas y
aniversarios, lengua que se reinventa con cada vocablo, es con quien vivo, con
ella respiro, peleo, discuto, escruto, disfruto, pero sobre todo, existo.
Juan Ladrón de Guevara
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