Cada segundo es un paso diminuto, tímido, mecánico, una brizna, una escama diminuta, un grano de arena, ínfimo, anónimo, cotidiano, elusivo, lo ves y desaparece antes de que pronuncies su nombre, como la luz de la luciernaga, que se agota en el suspiro, que es ilusión, espejismo.
Segundo, marea enana que merma calladamente las orillas de la existencia, erosionas con tu ejército silencioso e implacable las murallas infranqueables, los colosos en apariencia imbatibles, el tuyo es un ejercicio paciente, un sitio lento, inquebrantable, del que no existe escape, ni siquiera en el vacío final, pues no reposas en tu quehacer, laborioso y discreto destructor, pequeño fagocitador de la realidad.
Juan Ladrón de Guevara Parra
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